07 Ene DE 0 A 6 AÑOS: ¿POR QUÉ SE RECOMIENDA EVITAR PANTALLAS?
Cada vez son más las familias que se preguntan cuál es el impacto real de las pantallas en los niños pequeños. Desde la Asociación Española de Pediatría se transmite un mensaje claro: no existe una cantidad de tiempo frente a pantallas que pueda considerarse segura antes de los 6 años. Por este motivo, la recomendación general es pantallas cero, con excepciones muy puntuales —como una videollamada familiar o escuchar una canción— y siempre con acompañamiento adulto.
Pero… ¿a qué se debe esta recomendación?
¿Cuál es la explicación a que las pantallas sean tan nocivas en estas edades?
Un cerebro en pleno desarrollo
Durante los primeros años de vida, el cerebro infantil atraviesa una etapa de crecimiento muy rápido. Entre los 0 y los 6 años existe una plasticidad cerebral muy elevada, lo que significa que las experiencias diarias —sensoriales, motoras, sociales y emocionales— van construyendo las conexiones neuronales que sostendrán funciones tan importantes como el lenguaje, la atención, la memoria o el autocontrol.
El problema no es solo la pantalla en sí, sino que el tiempo frente a ella sustituye experiencias reales que son esenciales para este desarrollo: jugar, explorar, moverse, interactuar, equivocarse y aprender del entorno.
Relación con problemas de desarrollo del lenguaje
Numerosos estudios han encontrado una relación entre la exposición temprana y prolongada a pantallas y dificultades en el desarrollo del lenguaje y la comunicación. El lenguaje no se aprende escuchando pasivamente, sino a través de intercambios reales, miradas, turnos de palabra y respuestas contingentes. Nada de esto ocurre de la misma forma frente a una pantalla.
Impactos en funciones cognitivas y atencionales
El uso frecuente de pantallas en edades tempranas también se ha asociado con diferencias en áreas como la atención sostenida, la regulación emocional, la flexibilidad cognitiva, la planificación o la memoria de trabajo. Estas habilidades se construyen progresivamente a través del juego libre, el aburrimiento, la espera y la interacción con otras personas, no mediante estímulos rápidos y constantes.
Efectos sobre el descanso
La exposición a pantallas, especialmente en las horas previas al descanso, se relaciona con alteraciones del sueño: dificultad para conciliarlo, despertares nocturnos o menor duración total. Un descanso de baja calidad afecta directamente al desarrollo cognitivo, emocional y físico del niño.
Menos movimiento, menos relación con el entorno
El tiempo frente a pantallas compite directamente con actividades clave para un desarrollo saludable: el juego físico, el movimiento libre, el contacto con la naturaleza, el deporte y la socialización cara a cara. A mayor uso de pantallas, mayor riesgo de sedentarismo y empobrecimiento de las experiencias sociales.
Reduce la interacción con adultos
Otro aspecto fundamental es que las pantallas no solo captan la atención del niño, sino también la del adulto. La evidencia muestra que la calidad de la interacción con los cuidadores tiene un impacto mucho mayor en el desarrollo del lenguaje y la cognición que cualquier contenido digital. Incluso la simple presencia de una pantalla puede interferir en estas interacciones tan necesarias.
En resumen
En los primeros años de vida, la mejor herramienta de aprendizaje de un niño es el mundo real: las personas, el cuerpo, el juego y el entorno que lo rodea.
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